Se Trata de Mí 

 Blog ADH

La satisfacción profunda de estar viviendo el diseño natural de tu existencia proviene en gran parte de la medida en que estés desarrollando el "capital semilla" que obtuviste de la familia, la sociedad, la cultura, la facultad... Esta semilla se desarrolla yendo más allá de los límites de este capital inicial, enriqueciéndolo con tu propia indagación, experiencia y aprendizajes posteriores.

Cuando nuestro punto de vista está amenazado todos nos sentimos inseguros. ¡A nadie le gusta reconocer que el problema puede en parte ser uno mismo! El objetivo de crecer es superarse. Aceptemos la vida como un obsequio. Aceptemos la responsabilidad de actuar según nuestros mejores y propios intereses. Pensemos que si somos buenas personas lo que buscamos para nosotros también será bueno, en tanto y en cuanto seamos honestos con nuestras necesidades.

La persona corporativa moderna, los burócratas, las tribus estancadas en la tradición, cualquier persona que no entienda lo que significa pensar por sí mismo y que le asuste ser audaz y exponerse, prefiere ser pasiva e imitar a otros. Estas son descripciones perfectas del “humano cultural automático”, el humano confinado por la cultura, esclavo de ella, consumista, que imagina que si adquiere lo último que la propaganda va ofreciendo tiene su vida bajo control.

Cuando una persona crece, abandona el modo en que se veía a sí misma. Parte del dolor del crecimiento deriva del hecho de darse cuenta de que se ha sido deshonesto con uno mismo, y ese pesar hace que la gente cambie. Siempre hay que dar un salto para renunciar a lo que es falso. Cuando comprendemos que nos estuvimos engañando tratamos de ser mucho más honestos.

La única preocupación que valdría la pena es: ¿Cuál es mi verdadero talento, mi don secreto, mi vocación auténtica? ¿En qué soy único de verdad y cómo puedo expresar esta singularidad, darle forma, dedicarla a algo fuera de mí mismo? ¿Cómo puedo enriquecerme a mí mismo y a la humanidad con mi talento, mi individualidad, mis emociones y anhelos?

La persona que desperdicia su vida negándose a sí misma por un sentido de obligación equivocado no hace más que disminuirse y lastimar a otros. A menudo, esa persona exagera ese sentido de obligación para justificar su autorrechazo. Considera que sus obligaciones la absorben porque teme mirar su vida como alguien libre. Siente que, ante todo, tiene responsabilidades hacia otros y utiliza esa obligación exagerada para justificar su fracaso en el logro de su propio potencial y como excusa para no asumir riesgos.

Todo anhelo verdadero implica un riesgo. No es posible crecer sin arriesgarse, sin aventurarse. En cada etapa de nuestro crecimiento nos hacemos un poco más fuertes, confiamos más en nosotros mismos. Si bien parece que crecemos paso a paso, cada etapa de nuestro crecimiento no se determina, en realidad, mediante un paso, sino mediante un salto. Es por ello precisamente que arriesgarse inspira tanto temor y que crecer resulta tan doloroso. Como todo riesgo, crecer requiere abandonar algo sin tener la seguridad de que el próximo paso sea mejor. Si el crecimiento fuera gradual, lógico y fácil de predecir, habría muchos menos riesgos, y más personas encontrarían éxito y felicidad en la vida.

El sendero espiritual es un camino que nos ayuda a alcanzar nuestras metas. Cuando caminamos por el sendero de regreso a la fuente es importante entender verdaderamente ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia?. Como seres humanos tenemos un propósito, y este propósito es conocer nuestro origen, si ese entendimiento entra temprano en nuestras vidas, toda faceta se armonizará con el propósito de una manera fuerte y clara, lo importante es reconocer que tenemos un propósito y cuál es, y luego dirigirnos en esa dirección.

Dependiendo de tu religión, moral o civismo particular, tienes una idea impuesta externamente de cómo debe verse la perfección y si no está a la altura de eso, significa que está fallando. Por ejemplo, si usas frases como "Así son las cosas", "Las cosas son como son", "Esto no debería ser así", o viene una y otra vez a tu mente una comparación de los hechos y las cosas con cómo deberían ser las cosas, si no concuerdan con tu idea de la perfección, concluyes que algo anda mal, y si eres tú quien no concuerda con tus propios estandares aprendidos, sientes que estás fallando.

Pensando que la mente crea la realidad, al intentar aplicar la ley de la atracción, permanecemos en la esfera mental, en terrenos de la conciencia “yo”, creyendo que todo depende de un enfoque súper positivo, de sentirse bien a la fuerza y que si no nos sentimos bien es porque estamos fuera de control y hemos fracasado. En esta frecuencia corremos peligro de volvemos “perfeccionistas espirituales” en el trato con nosotros mismos y con los demás, hasta el grado en que éramos más amorosos antes.

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